Este templo constituye uno de los ejemplos más significativos del clasicismo monumental que se desarrolla en Valencia en el último cuarto del siglo XVI y principios del XVII. Entre los años 1750 y 1765 sufrió la renovación más deslumbrante con una gran profusión de estucos, dorados y rocallas sin comparación en tierras valencianas. La nueva decoración consigue tal protagonismo que hace desvanecer las líneas de la fábrica del seiscientos. Esta rotunda transformación está considerada como el ejemplo más valioso del rococó valenciano, con tonos luminosos, orgánicas rocallas y vibrantes dorados.
En la restauración, que combina la arquitectónica con la artística, se han eliminado grietas, manchas de humedad, y se han recuperado los estucos y los dorados realizados en plata corlada. Se han consolidado los estratos pictóricos, se ha limpiado la corla decorativa y se han reintegrado los faltantes de plata fina con la técnica del plateado al agua. Han sido necesarias más de 20000 hojas de plata para la reintegración de los faltantes cromáticos y 3500 hojas de oro fino para las decoraciones realizadas con este material.
En el exterior, la intervención en las cubiertas ha solucionado los problemas de estanqueidad y mejorado la evacuación de aguas con el objetivo de eliminar la humedad que padecía el edificio. Se ha reparado la bóveda de tabiquería, la cubierta de la nave central y los faldones de las capillas laterales. La limpieza de las fachadas y de las portadas ha permitido recobrar los volúmenes y tonalidades originales, una de las ornamentaciones rococó más bellas y singulares del país.
El artículo está escrito por: Carles Boigues, Eladia Ballestero, Rafael Lorente y Santiago Tormo


Restauración arquitectónica de la iglesia de San Juan de la Cruz de Valencia